Me sequé las lágrimas.
—Entonces, ¿por qué decías que necesitaba deshacerse de mí?
David me miró avergonzado.
—Porque tenía pensado despedirme de ti esta noche y no volver a llamarte nunca más.
Aquellas palabras me dolieron más que cualquier mentira.
—¿Por qué?
—Porque tenía miedo.
—¿Miedo de qué?
—De enamorarme de ti tan profundamente como amé a Nancy. Y de que algún día tuviera que aprender de nuevo a vivir sin alguien a quien amo.
Lo observé durante un largo rato.
—¿Nunca se te ocurrió que yo ya he pasado por ese mismo dolor?
Asintió.
—Sí, lo pensé.
—Entonces, ¿por qué decidiste por mí?
David permaneció en silencio.
Yo continué:
—Durante seis años me he despertado cada mañana en una cama vacía. Durante seis años he cenado sola. Durante seis años, cada vez que ha llegado mi cumpleaños, he esperado escuchar una voz que sabía que nunca volvería a oír.