La miré completamente desconcertada.
—¡Eso es imposible! ¡Las mujeres de mi edad no quedan embarazadas!
—De manera natural, no. Precisamente por eso debemos estudiar este caso con muchísimo cuidado.
En ese momento, la puerta se abrió.
Mi hijo Daniel entró.
—Mamá, ¿qué está pasando?
Antes de que pudiera responder, la doctora habló.
—Los exámenes de su madre han mostrado resultados muy extraños. Estamos investigando la posibilidad de un embarazo.
Daniel comenzó a reírse.
Pero entonces vio la expresión seria de la doctora.
—¡Un momento! ¡Mi madre TIENE OCHENTA AÑOS!
Se volvió hacia mí.
—Mamá, ¿nos estás ocultando algo?
No respondí.
Mi hijo dio un paso hacia mí.
—Mamá, por favor, dime… ¿QUIÉN ES ESE HOMBRE?
Cerré los ojos.
Porque había algo que ninguno de mis hijos sabía.
Durante doce años había guardado un secreto relacionado con mi difunto esposo.