Durante años, mi marido me sirvió únicamente pan negro en todas las comidas, aunque sabía perfectamente que me encantaba el pan blanco. Un día fui a hacerme unos análisis de sangre y, cuando el médico vio los resultados, palideció y me dijo: «Señora, hemos encontrado algo en sus análisis. Pero antes de explicarle nada, necesito saber quién prepara la comida en su casa». Cuando le respondí que era mi marido, el médico cerró la puerta de la consulta y dijo algo que hizo que me temblaran las manos…

—Tienes que comer esto.

En lugar de eso, simplemente me pregunta:

—Cariño, ¿cuál te apetece hoy?

Y esa pequeña pregunta significa para mí mucho más que el regalo más caro del mundo. ❤️

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