Entonces, de repente, Emily lanzó un grito desgarrador.
—¡AAAAAH! ¡PAPÁ! ¡ME DUELE!
Me quedé paralizada.
Un segundo grito salió de detrás de la puerta cerrada.
—¡AAAAH! ¡POR FAVOR! ¡HAZ QUE PARE!
Después la escuché sollozar desconsoladamente.
—¡Papá! ¡Tengo miedo! ¡Por favor, ayúdame!
Entonces escuché la voz temblorosa de Robert.
—¡Emily, cariño, aguanta! ¡Estoy aquí contigo!
Sentí que el corazón casi se me detenía. Agarré el picaporte con las manos temblorosas.
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—¡ROBERT! ¡ABRE ESTA PUERTA AHORA MISMO!
Algo cayó al suelo dentro del baño.
Emily gritó mi nombre, aterrorizada.
Entonces la puerta se abrió.
Me había preparado para lo peor.
Pero lo que vi fue completamente diferente.
Emily estaba sentada en una pequeña silla, completamente vestida, con una toalla sobre los hombros. Robert sostenía una carpeta llena de documentos médicos.
—¡Dime qué está pasando! —exigí.