My 5-year-old daughter said to me, “Mom, when it’s time for sleep at Grandpa’s house, she calls me to her room, asks me to close my eyes and we play a secret game. But he told me I couldn’t tell you.” I was paralyzed. The next day, I sneaked into my father's bedroom and what I discovered caused my legs to shake.

Volví a mirar la fotografía.

La niña sonreía mientras sostenía un libro.

Era exactamente el mismo libro que mi padre le leía a mi hija todos los sábados.

—Pero ¿qué tiene que ver todo esto con vuestro juego secreto?

Mi padre abrió la caja de madera.

Dentro había decenas de pequeños papelitos.

Cada uno contenía una frase.

«Abuelo, te quiero».

«Abuelo, no estás solo».

«Abuelo, todavía nos quedan muchos cuentos por leer juntos».

Lo miré confundida.

—¿Quién ha escrito esto?

—Tu hija. Emily.

—Pero todavía no sabe escribir.

—Ella me dice lo que quiere expresar y yo lo escribo. Después intenta copiar las palabras por sí misma.

Mi padre abrió el viejo libro.

Entre sus páginas había dibujos de colores.

Corazoncitos.

Flores.

Una casa grande.

Y tres personas: el abuelo, mamá y una niña.

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